2. La santa
De vuelta a Roma, García Márquez se
encuentra a Margarito Duarte, colombiano con el que compartió posada y buenos momentos
veintidós años atrás. Margarito Duarte fue a Roma a luchar por la santificación
de su hija. Por un traslado del cementerio, descubre la incorruptibilidad de su
cuerpo. El pueblo reúne fondos para financiar su viaje. En Roma y, a pesar de
sus esfuerzos, el colombiano es envíado de un lado a otro sin resultado, hace
trámites inútiles y tiene mala suerte también, como cuando parece que está a
punto de tener una audiencia y el Papa se muere, el segundo en un mes.
Este cuento a parte de ser una crítica a la
burocracia, en este caso de los temas del Vaticano, es una constatación del
paso inexorable del tiempo que no perdona a nada ni a nadie. Cuando el autor
vuelve a la capital italiana, se encuentra una Roma irreconocible, más
urbanizada, deshumanizada y donde ya no conoce a nadie, ni nadie sabe nada de la Roma de antaño. La evocación
de las cuatro horas de café y de su conversación sobre los tiempos pasados,
solo vivos
en sus recuerdos, me produce una sensación de tristeza y pesimismo, un poco
grotesca. La figura de Margarito Duarte se podría entender como el inútil no
defallir de muchos y el mantener la esperanza cuando ya se ve que no se va a
llegar a ninguna parte: un santo en vida.
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