Este es un cuento muy breve y quizás el más creíble de todos los del libro.
Gabriel García Márquez, junto con su mujer y sus
dos hijos pequeños visitan a Miguel Otero Silva en el castillo que el escritor
venezolano se ha comprado. En el pueblo buscando el castillo una pastora de
gansos les ha advertido del peligro del castillo: merodea un fantasma. El
anfitrión les enseña el castillo y les explica la leyenda de Ludovico, antiguo
señor de las tierras que mandó construir el castillo y que —dice la leyenda—
mató a su amante y se mató en un ataque de locura. Les enseña también el
segundo piso, donde la habitación que fuera de Ludovico sigue intacta. Se
quedan a comer y ante las insistencias de los hijos, el matrimonio se queda a
dormir en el primer piso. En el piso contiguo duermen los niños. Cuando el
escritor se despierta por la mañana, se da cuenta de que su mujer y él están
durmiendo en la habitación y en la cama que fueran de Ludovico.
El final es un poco inquietante pero no nos deja
la sensación de espanto de las típicas historias de fantasmas que el autor ridiculiza de esta forma genial. Es un toque de humor, de los muchos
que va dejando como destellos a lo largo del libro.
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